-Elige a la persona adecuada. Puede parecer de perogrullo, pero viendo la cantidad de divorcios que se producen durante los dos primeros años de matrimonio, algo debe de estar haciéndose mal a la hora de elegir a la persona con la que nos casamos. Porque una cosa es que la relación se acabe pasado un tiempo y otra es que no se llegue a celebrar ni el primer aniversario juntos. Para muchas parejas, la excusa es que no habían convivido antes, pero para los que ya lo hacen, en muchos casos el matrimonio se lleva a cabo porque es “lo que toca” sin pensarlo más. Y una decisión de este tipo, sí merece pensarse con calma.

-Elige el momento ideal. Como hemos dicho, el matrimonio no puede ser algo que se hace por inercia. Pero tampoco algo que se hace para poner fin a una discusión o como maniobra de distracción. Si has discutido con tu pareja, no trates de reconciliarte pidiéndole matrimonio, es mejor hablar y la petición ya se hará cuando todo esté bien. De igual manera, no puede ser algo para evitar seguir debatiendo sobre si tener o no un hijo o sobre cualquier otra decisión que haya que tomar. Que  la petición sea porque se desea pedir matrimonio, sin más.

-Escoge el sitio perfecto. Una pedida de mano tiene que ser algo íntimo y bonito. Evita los lugares en los que hay mucha gente. Pueden parecer muy bonitos los vídeos de pedidas de mano en teatros o en eventos públicos, pero lo cierto es que hay demasiadas cosas que escaparán a tu control y es muy arriesgado hacer algo así. Es mejor un ambiente más tranquilo, a solas o casi a solas y pudiendo tener una intimidad más que deseable en un momento así.

-El anillo, el protagonista. Si has hecho bien todas las elecciones que te hemos dicho, no vayas a echar todo ese esfuerzo por tierra al elegir un mal anillo. Un anillo oro blanco y brillantes es la elección perfecta para una persona moderna, elegante y que aprecia la calidad y la originalidad. Uno de oro amarillo con un diamante solitario puede ser ideal para una persona de gustos sencillos y clásicos. Tienes que tener claro qué puede gustarle a la persona a la que vas a pedirle matrimonio, lo que te guste a ti también y, por supuesto, tu presupuesto.