Al pensar en el clima atlántico, sobreviene una imagen mental con borrascas y humedad ambiental. Pero este prejuicio tan extendido no se corresponde con la realidad de la ría pontevedresa, cuya meteorología depara más de una sorpresa positiva al visitante. Por ejemplo, al investigar el tiempo en illa de ons, Portonovo o Combarro en agosto, el turista se extraña de que las temperaturas máximas medias se sitúen entre los veinte y los veinticinco grados centígrados, configurando un ambiente más agradable que en el resto de Galicia.
En temporada alta, cuando destinos masificados como Sanxenxo o la playa de Silgar se vacían, los turistas disfrutan de unas temperaturas moderadas, a diferencia de la caída del termómetro que experimentan otras regiones. Sucede que la ría de Pontevedra está protegida por una geografía singular, y el efecto termorregulador del mar suaviza el frío y el calor extremos.
Gracias a sus condiciones geográficas y ambientales tan particulares, la ría de Pontevedra no está sometida a las precipitaciones elevadas que golpean los territorios cercanos. Aunque su alta pluviosidad es una falsa creencia, los viajeros deberían incluir un chubasquero en su equipaje en caso de explorar esta ría en invierno.
La recomendación anterior no debe tomarse a la ligera. En esta franja litoral existe un tipo de lluvia fina y persistente conocida como orballo. No es infrecuente que aparezca durante una jornada soleada y pueda empapar a los viajeros en cuestión de minutos.
Por otra parte, la de Pontevedra es una de las rías con mejores condiciones para la viticultura. La humedad y el microclima oceánico explican este hecho. Tanto es así que la variedad de uva más representativa de Galicia (albariño) se cultiva aquí. Bodegas tan reputadas como Pazo Baión, Mar de Frades o Bodegas Granbazán están afincadas en esta parte de la provincia de Pontevedra.