Los polímeros son una pieza clave en múltiples industrias (automotriz, médica, construcción, etcétera). Su presencia masiva en la sociedad actual ha impulsado a una parte de la comunidad científica a considerar la nuestra como la «Edad de los Polímeros». Sea como fuere, no solo las empresas necesitan comprar poliuretanos, teflones o PVC, sino que también el ciudadano de a pie invierte en estos productos, incluso de manera consciente.

Las pinturas sintéticas, el acolchado de los muebles, los asientos de los vehículos, el recubrimiento de tabiques y un largo etcétera de productos se fabrican con poliuretano. Este material plástico, resultado de combinar poliol e isocianato, se caracteriza por su uniformidad, alta adherencia y baja porosidad.

Otro polímero ampliamente utilizado es el poliestireno, obtenido a partir de un hidrocarburo denominado estireno monómero. Sus propiedades incluyen la flexibilidad, escasa conductividad, durabilidad y resistencia a la humedad. Se emplea sobre todo en forma de espuma (EPS) y, combinado con otros materiales, puede identificarse en electrodomésticos y componentes de automoción.

El polietileno o PE se distingue del resto por su elevado punto de fusión, siendo posible adaptar su diseño a infinidad de propósitos. Con este polímero se fabrican un sinnúmero de bienes de uso corriente: bolsas de tiendas y supermercados, cables de equipos electrónicos, envases de limpiadores y detergentes, jeringas y cubos de agua, entre otros. Pese a sus similitudes, la resistencia y flexibilidad del PE es mayor que la del poliestireno.

En busca de una mayor tolerancia a la corrosión y al contacto con agentes químicos, las industrias apuestan por el cloruro de polivinilo o PVC. Este material económico se desarrolló a fines del siglo diecinueve y se encuentra sobre todo en tuberías, revestimientos, puertas y ventanas.

Por último, el politetrafluoroetileno, PTFE o simplemente teflón es otro polímero de uso generalizado en sectores como la alimentación, la automoción, el aeroespacial o la electrónica.